


"EL ESPíRITU SANTO Y EL TESTIGO"
​Hay una diferencia profunda entre intentar hablar de Cristo y no poder dejar de hablar de Él. La primera nace de la presión; la segunda, de la transformación.
En esta última predicación de nuestra serie sobre la identidad del discípulo, nos detenemos en la promesa de Jesús en Hechos de los Apóstoles 1:8: “Recibirán poder cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo, y me serán testigos…”. Antes de enviarnos, el Señor decide habitarnos. Antes de pedirnos expansión, promete presencia.
A lo largo del mes hemos aprendido que somos llamados antes de ser enviados, hijos antes que obreros, identidad antes que manifestación. Ahora entendemos que es el Espíritu Santo quien hace todo eso real en nosotros. Él no solo nos capacita para una tarea; confirma nuestra filiación, produce convicción interior y transforma nuestro carácter. El testimonio no comienza en la boca, sino en el corazón habitado por Dios.
También abordamos una verdad necesaria: no toda experiencia es evidencia del Espíritu. La Escritura nos enseña que Su presencia se reconoce por el fruto, la fidelidad a la Palabra y una vida regenerada. Donde Él mora, hay coherencia creciente, hambre por la verdad y amor genuino por Cristo.
Finalmente, descubrimos que la identidad no se queda encerrada. Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra no son solo lugares, sino círculos de influencia que se expanden naturalmente cuando el Espíritu convierte la filiación en misión. La comunión verdadera inevitablemente se vuelve proclamación.
El Espíritu no nos empuja a hacer más para ser aceptados; nos afirma como hijos y desde allí nos envía como testigos. Primero nos transforma por dentro. Luego nos proyecta hacia afuera.
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HECHOS 1:8 RVR1960
8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
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HECHOS 8:9-23 RVR1960
9 Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. 10 A este oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. 11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. 13 También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; 15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; 16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. 17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 18 Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19 diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. 20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; 23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.
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JUAN 17:12 RVR1960
12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.
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1 Corintios 3:16 RVR1960
16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
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JUAN 16:8 RVR1960
16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
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ROMANOS 8:15-16 RVR1960
15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
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MARCOS 14:36 RVR1960
36 Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.
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ROMANOS 8:16 RVR1960
16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
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1 CORINTIOS 1:8 RVR1960
8 el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.
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TITO 3:5 RVR1960
5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,
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2 CORINTIOS 4:2 RVR1960
2 Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios.
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2 TIMOTEO 2:3 RVR1960
3 Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.
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LUCAS 22:61-62 RVR1960
61 Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 62 Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.
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1 JUAN 3:9 RVR1960
9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
ROMANOS 4:1 RVR1960
4 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?
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SANTIAGO 2:22 RVR1960
22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?
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HECHOS 4:20 RVR1960
20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.
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1 PEDRO 2:12 RVR1960
12 manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.
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